El pollo Ricardo
Monta bicicleta y la gente nos reímos. Una mujer le dice a otra que le gustaría tomarse una foto con el pollo, ay sí, por fa, tómame una foto con él, con el celu, con el celu. Todos los empleados del almacén se asomaron a ver el show. Mas yo quedé impactada cuando aquel abrió su gran pico y se metió la cabeza de la muchacha. Todos lo aplauden. Yo entro al establecimiento y me tomo una limonada.
Mi mamá me contó que el pollo ese se llamaba Ricardo y que la visitaba a menudo, hasta le dio su número de teléfono, raro porque a ellos les prohíben hablar. Él le da la mano y les iba a decir otra cosa que hacía, pero puede que ya se la estén imaginando.
Chistoso, ver en la nevera su foto y un teléfono, la cocina huele a maní y ahí yo sí me reí, al no recordar la imagen del pollo sobre la bicicleta, algo nuevo de circo, de peluche. Claro que me acuerdo de él porque es una imagen de infancia, de comer muslitos a la broaster. Esta palabra ¿no existe?
El otro día se acercó otro, muy parecido a Ricardo y mi mamá lo vio diferente, le dijo: ¿cierto que usted no es el pollo Ricardo? Él no contestó. Familiares de los tíos animales. Un caballo encorbatado hablando de los perjuicios del trigo en la salud mental de la gente, probable causa de la depresión. El gluten contiene un aminoácido… Cuando iban a decir el nombre del componente, yo cambié el canal. En seguida, a la habitación había entrado el pollo Ricardo, quería que yo le hablara sobre películas, estrellas de cine. Me preguntó si tenía cintas, yo le mostré un par. Él me enseñó su diario, un diario de dibujos, muy bonito. Timbraron, al rato; eran los tíos Gato y Pato con mamá Conejo, a recoger a Ricardo. Yo le regalé un papel amarillo que decía jalea.

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