Ni su ausencia, ni la huella, ni el olor, ni el brillo, no-nada. Es difícil evocarlo, era el mejor de la clase y en la academia nadie lo conoce. Nunca lo han visto. Sin olor alcohol y sin él, sin un rastro suyo.
Era la música recuperándose detrás del ombligo, allí, donde se resume el control de los movimientos; me dolía putamente y es que dentro de mí florecía la sangre, yo no entendía nada, todo me daba vueltas. Me perdí.
Pero no pude amarlo, él era feliz, a él se le iluminaban los dientes y sus ojos reflejaban los avisos de la zona. Fue el día, el mejor porque me disolví de la borrachera que llevaba. Pura ausencia.
Terminé en mi cuarto con poquita felicidad, empijamada debajo de las cobijas. El no poder recordar me emociona. Estoy triste y me gusta, es un analgésico formidable, ya no creo que las canciones me hagan revivir, esta fiebre la tengo muy alta y deseo hablar de otra cosa que no sea yo. En esta ciudad lluevemucho, ahora pienso que quiero volver a hablar de mí, pues estoy dramatizando mi estado de ánimo.
Ya no ando con nadie, quiero estar fresca todas las semanas y me gusta ver llover, me gusta mojarme, a mis amigos no.
¿Lo pudieron haber raptado? En esa altura en la que vivía. ¿Lo extraño? No me importa si está muerto. Por mí que se evapore, tengo cosas distintas en qué pensar.
Yo llegué tarde a nuestra cita.

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