lunes, 28 de septiembre de 2009
Soportes
domingo, 20 de septiembre de 2009
lunes, 14 de septiembre de 2009
Corte y pegue del cuento de Algo.
Ni su ausencia, ni la huella, ni el olor, ni el brillo, no-nada. Es difícil evocarlo, era el mejor de la clase y en la academia nadie lo conoce. Nunca lo han visto. Sin olor alcohol y sin él, sin un rastro suyo.
Era la música recuperándose detrás del ombligo, allí, donde se resume el control de los movimientos; me dolía putamente y es que dentro de mí florecía la sangre, yo no entendía nada, todo me daba vueltas. Me perdí.
Pero no pude amarlo, él era feliz, a él se le iluminaban los dientes y sus ojos reflejaban los avisos de la zona. Fue el día, el mejor porque me disolví de la borrachera que llevaba. Pura ausencia.
Terminé en mi cuarto con poquita felicidad, empijamada debajo de las cobijas. El no poder recordar me emociona. Estoy triste y me gusta, es un analgésico formidable, ya no creo que las canciones me hagan revivir, esta fiebre la tengo muy alta y deseo hablar de otra cosa que no sea yo. En esta ciudad lluevemucho, ahora pienso que quiero volver a hablar de mí, pues estoy dramatizando mi estado de ánimo.
Ya no ando con nadie, quiero estar fresca todas las semanas y me gusta ver llover, me gusta mojarme, a mis amigos no.
¿Lo pudieron haber raptado? En esa altura en la que vivía. ¿Lo extraño? No me importa si está muerto. Por mí que se evapore, tengo cosas distintas en qué pensar.
Yo llegué tarde a nuestra cita.
Entonces aparecen nuevamente cosas que estaban empolvadas, nombres, muchos nombres y así mismo un OJO me mira desde lejos, desde otro punto del espacio… Me pregunta:
¿Dónde están los otros?
¿Dónde los dejé? -hablo para mí misma-.
En el sitio en el cual están ese furor con el que hablamos, y las preguntas de esos nombres sobre mí; en ese éter, donde las sombras se confunden de dueño.
Dejan traspasarse el uno al otro, vacían, vierten su ser en las manos y entregan solo una parte, una mirada, un olor.
La cuestión de la gente y la relación con ésta, el verlos, el sentirse parte de una comunidad, los diferentes… Puntitos afuera de ella, algunos reflejos, espejos; otros: agua y aceite o imanes repelidos.
Mirar la gente, tener a la gente, querer - a - la - gente… Querer, poseer, estar en la gente. A gente… ¡Ah! gente. Agente.
Diferentes entre iguales, algo entre nosotros evidencia nuestra humanidad. En la atmósfera habita lo que tenemos en común, lo que nos une y nos aleja.
Somos iguales y diferentes; no nos da igual si somos distintos. Destacamos nuestras diferencias para que sean iguales y nuestras igualdades diferentes. No somos iguales, no sé qué sientes tu, o qué ve él; cómo piensa o el(la) qué piensa.
Cómo la gente logra funcionar en conjunto. Cómo hacemos para encontrarnos y luego distanciarnos, o para encontrarnos después o simplemente desaparecer.
A diario me cruzo con rostros, diferentes nombres. Los miro y sé que a pesar de conocerlos de reojo, tenemos más cosas en común de lo que puedo pensar. Esto me deja en un punto de quiebre.
Los otros son más interesantes, entretenidos. A los demás les gustan mucho los otros y a mí también. Una complicidad me tranquiliza sé que de cierto modo le pasa lo mismo a los otros (tenemos más cosas en común de lo que puedo pensar).
Veo la gente desde lejos, como en una ventana, caminando, cada uno con sus historias, sus quereres, sus desaires, sus sueños, sus compromisos, su carne, su cuerpo, sus alientos, su ser. ¿Cuánto influyes en la satisfacción de mis deseos, en tanto vitales, en tanto caprichos?
Sé que necesito a los otros y vivo también en función suya, de ellos, ustedes.





